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Para Sean Boswell, las carreras callejeras suponen una vía de escape de un hogar infeliz y un entorno superficial. Pero su conducción temeraria le ha vuelto muy impopular con las autoridades locales. Tras sufrir un nuevo accidente, y para no acabar en la cárcel, se aviene a marcharse a vivir con su padre, con el que ya no tenía apenas relación, en su destino militar en Tokio. Sean es ahora oficialmente un gaijin (un desplazado) y se siente muy aislado en un país con costumbres y códigos de honor extraños para él. Su amigo americano Twinkie le introduce en el mundo de las carreras drift: un vertiginoso equilibrio entre la velocidad y saber manejarse a través de un peligroso circuito lleno de giros y cambios de sentido imposibles. Sean vuelve a engancharse y vuelve a meterse en líos. Las carreras drag parecen un juego de niños al lado de este nuevo deporte automovilístico quemallantas... con el grado de riesgo justo para atraer a un rebelde como Sean. En su primer día de carreras Sean reta a D. K., el “rey del drift”, un campeón local conectado con los yakuzas, el sindicato japonés del crimen. Tras perder, Sean se ve obligado a pagar su deuda trabajando a las órdenes de Han, que pronto le admite en su familia de proscritos y le enseña el auténtico mundo del drifting, en donde la carrera se convierte en una forma artística. Modernos coches tuneados se lanzan al denso tráfico de las calles de Tokio a toda velocidad, y las recorren efectuando giros inverosímiles en un circuito puntuado por el chirriar de los frenazos y el olor de las llantas humeantes. Cuando Sean se enamora de la novia de D.K., Neela, se desata una explosiva serie de acontecimientos que culmina con un enfrentamiento final con su rival. El castigo para el que pierda, si es que llegan a sobrevivir a la carrera, es el destierro perpetuo de Tokio por orden del jefe yakuza, y tío de D. K., Kamata.
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